Juan Pablo Caja

En Publicis Casadevall Pedreño & PRG, en 2003. El televisor es el mismo que aparece en la portada del libro (que tengo en la mano).


Intermedio es mi primer (y hasta la fecha único) libro publicado. Es algo así como un cruce entre la publicidad y la literatura. Los personajes no piensan, actúan; no hay metáforas, cada cuento transcurre en unos segundos, un minuto a lo sumo, respetando las reglas del guión de anuncio televisivo. La publicidad, su lenguaje, es hoy para la gente algo más cercano que la propia literatura, y acabará influyendo en ella, como ya lo han hecho el cine y el periodismo. Junto a dos cuentos del libro, como curiosidad, incluyo un texto de introducción inédito, el principio que fue sustituido finalmente (con buen criterio) por el que aparece en el libro, y un párrafo (que no sé si me deja muy bien) referido a mi libro publicado en el dossier "Los publicitarios y la literatura" de la revista 1492 Cultura Creativa (Buenos Aires).


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Intermedio

Calima Ediciones, 2003

Intermedio

de LOS PUBLICITARIOS Y LA LITERATURA (publicado en 1492/Cultura Creativa, Buenos Aires, escrito por Pancho Dondo)

(...) La segunda de las formas de influencia mutua entre publicidad y literatura es menos frecuente y bastante más predecible: suele ocurrir cuando un creativo publicitario con una carrera de cierta duración empieza a publicar poesías, cuentos o novelas e incluye, en sus argumentos, personajes que trabajan en publicidad, discursos que conservan un indudable formato publicitario o hasta ideas publicitarias casi puras.

El primer caso (...). El último, más curioso aún, es el del español Juan Pablo Caja. Sin abandonar su trabajo como creativo, Caja publicó en 2003 Intermedio, una serie de relatos de formato inesperado: cada uno describe un comercial de televisión. Así, entre ellos puede leerse, por ejemplo: "Glglglglglglglgl, Grlglglglglglgl. Una persona de espaldas a cámara está haciendo gárgaras frente a un lavabo. Grlgrlglglglgl. Intuimos que se trata de un locutor conocido (piense aquí cada cual en su locutor de radio favorito). Grlgrlgrlglglglglglgl. Entra una voz en off: En Radio FM estamos preparando ya la nueva temporada. Y aparece también una sobreimpresión: En antena a partir del 1 de septiembre. Grlglglglglglglglgrllll...".


PRÓLOGO INÉDITO

Lunes, dos de septiembre de dos mil dos. Rosario Jiménez, empleada de Limpiezas y Desalojos S.A., LYDSA, se halla en la planta diez de un edificio de oficinas en la Avenida Diagonal de Barcelona. Son las diez y media de la mañana, de modo que, con toda seguridad, en estos momentos Antonio Espeso, marido de Rosario y chapista de profesión, está devorando su bocadillo de atún de todas las mañanas en el Bar Manolo, tapas variadas, respetable establecimiento próximo al taller donde trabaja.

Rosario, sin bocadillo, está entregada a la labor de limpieza de las antiguas oficinas de McCormack & McCormack, conocida firma publicitaria norteamericana que se vio obligada, o al menos así lo entendió el juez, a cerrar su delegación en Barcelona cinco años antes. Resueltos los asuntos judiciales pendientes y dispuestos los nuevos dueños del local a darle uso, la empresa LYDSA está procediendo a la limpieza y desalojo del inmueble.

En uno de los despachos, ya lo he dicho, de la planta diez, Rosario está vaciando cajones y estanterías. Es una bonita estancia que ocupa una de las esquinas del edificio. Sus grandes ventanas ofrecen espectaculares vistas de Barcelona. Al abrir el último cajón del lujoso escritorio, una carpeta de piel llama la atención de Rosario. La observa, la abre. En el interior no hay más que unos papeles sin importancia: unos sesenta o setenta folios impecablemente presentados en impresión láser de buena calidad, escritos en tipografía Times de cuerpo doce, aunque esto Rosario no puede saberlo, sin tachaduras ni enmiendas.

Rosario empieza a hojear los papeles. Algo le llama la atención. Se sienta en la butaca del despacho y empieza a leer. Ella también se merece un pequeño intermedio en el trabajo, ¿no?

Cuando acabe, Antonio habrá terminado ya su bocadillo hará un rato y estará desabollando chapa en el taller.


Sobre un fondo neutro, que muy bien podría ser blanco (el color sobre el que mejor destaquen fotográficamente los elementos que irán apareciendo), se ve un gusano. Un gusano oscuro, un gusano de los llamados de humedad, por ejemplo, negros, de cuerpo cubierto por escamas brillantes, de los que crujen sonoramente (dentro de sus límites, claro, tampoco estamos hablando de muchos decibelios) si los pisas.

El gusano se mantiene en imagen, moviéndose, avanzando lentamente a través de la pantalla, durante uno, dos, tres, no sé, quizá diez, doce, o incluso catorce segundos. El gusano sigue ahí, solo, y con el movimiento la luz provoca brillos que aparecen y desaparecen de su cuerpo brillante.

Repentinamente, un objeto cae sobre el gusano y lo aplasta sonoramente. Plaf.

El objeto que ha chafado el gusano es una caja de galletitas saladas Pic, que queda ahora, quieta, en el centro de la pantalla.

Se oye la voz de un locutor en off:
Galletitas Pic: lo mejor para matar el gusanillo.


Se oye una música sensual, una balada. Música de amor, para entendernos.

Se ve una boca, en primerísimo plano, que entra en el cuadro de imagen de la pantalla, por uno de los lados. Es una boca de hombre. Inmediatamente, por el lado opuesto, entra también una boca, en actitud sensual, ligeramente entreabierta, anhelante, incluso podemos adivinar la puntita de la lengua asomando entre los labios. No lo he dicho hasta ahora, pero también es una boca de hombre.

Sigue sonando la música. Las dos bocas se unen en un beso apasionado. Tímidamente al principio, con unos instantes en los que apenas hay un leve roce. Pero enseguida se unen con fuerza, con más fuerza.

Bajo las mejillas vemos un ligero movimiento que revela intercambio de salivas, movimiento de lenguas.

Sigue el largo beso de los dos hombres. Sigue sin perder calor, al contrario, se diría cada vez más ardiente.

Mientras el beso sigue, y sobre la misma imagen de los rostros adheridos, aparece fundiendo lentamente, con una tipografía elegante (una Bodoni, por ejemplo), la siguiente leyenda:

Algún día emitiremos estas imágenes el día de los Enamorados.

Después de permanecer unos segundos, y mientras sigue el apasionado beso de fondo, se disuelve esta sobreimpresión y lentamente aparece otra:

Pero de momento tenemos que emitirlas hoy, 10 de diciembre, Día de los Derechos Humanos.

Asociación Lesbiana-Gay.

El beso continúa, sigue siempre, hasta que la imagen desaparece, y el anuncio termina.